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LA CULPA FUE DE LA PARÁFRASIS

Un interesante artículo periodístico

Un interesante artículo periodístico Bien, hoy no escribiré nada, pero dejaré que hable el artículo que me ha mandado mi amigo Jose por internet.

Acerca de Pessoa, referencias a El libro del desasosiego.
Artículo publicado en La Opinión de Málaga, hoy 8 de febrero de 2004.

Sentir es un tostón

Rafael Ordóñez

La frase que da título a este artículo la oyó un día Fernando Pessoa a un comensal de uno de los restaurantes de la Baixa que él frecuentaba. Barrio lisboeta este en el que el grandísimo poeta portugués soñó, urdió y dio a la luz una de las más altas cimas de la literatura europea de todos los tiempos: `El libro del desasosiego´. Cada día que pasa adquiere este libro mayor dimensión, relieve y actualidad. Inquietos, ansiosos y con el azogue metido entre pecho y espalda vamos de aquí para allá y de allá a ninguna parte. Nos hemos empeñado en hacer del libro de Pessoa una referencia insoslayable. Somos habitantes permanentes de ese colosal libro del desasosiego que entre todos estamos escribiendo. Andamos, corremos, comemos, hablamos, vemos, miramos y diseccionamos todo cuanto se nos pone a tiro. Nada escapa a nuestro juicio, a nuestra sentencia. De todo opinamos y sobre todo hablamos. Lo único que se nos ha olvidado es sentir. Y es que ya lo decía el vecino de mesa y mantel de Pessoa: "Sentir es un tostón".
Y es que para sentir, entre otras cosas, se necesita activar los circuitos cerebrales en los que reside la palabra y la escucha. La primera para detenerla y la segunda para ponerla en estado de alerta. No podemos sentir si cuando estamos con alguien no paramos de hablar. Hablamos como cotorras posesas precisamente para eso, para no sentir, para que la historia del otro no nos roce, no nos toque ni por asomo. Largamos nuestras historias e historietas de forma y manera incontinente, mientras nuestro interlocutor se arma de paciencia de vaca suiza y terminamos aburriéndole a él, a su pareja y a un ejército de ostras que se cruce por el camino. A veces quedamos con alguien y es como si quedásemos con la estatua del marqués de Larios. A nuestro contertulio no le dejamos más opción que el mutis, el sí bwana y hasta otra, hermano. Dos, tres y hasta cuatro horas de cháchara, palique y verborragia por nuestra parte no nos parece suficiente tortura para nuestro taciturno interlocutor. Bien que quisiéramos seguir. Pero el buen hombre o la santa mujer tiene acucias que cumplimentar y nos deja con la palabra en la boca... ¡cuando apenas si habíamos empezado! Vuelven después de aliviar la vejiga y enseguida nos disponemos a reanudar lo que para nuestro invitado son ya auténticas hostilidades. Declaración de guerra verbal, sin cuartel. A partir de ese día el sufridor de nuestro personal suplicio nos evitará, se esconderá tras siete llaves y huirá de nosotros como alma que lleva el diablo. No es para menos.
Dice uno de esos dichos proverbiales que andan por ahí, a mitad de camino entre el oriente luminoso y el occidente racional, que tenemos dos orejas y una boca porque la función de escuchar la tenemos que ejercer, al menos, en doble medida que la de hablar. Bien que podría ser así. Mejor nos iría. A todos los que los dioses favorecieron les dieron el don inapreciable de saber escuchar. Dichosos ellos y ellas porque la Sabiduría la tienen al alcance de la mano. Ellos saben que la palabra callada es plata y la no pronunciada oro. Aquellos otros a los que los dioses quisieron confundir los hicieron charlatanes, parlanchines y boquiblandos. Toda una cruz. Cosas de los dioses.

Gracias " Jorch".
Mándame todo lo que sea de Pessoa o donde aparezca su nombre , eh?

Bueno, querido público, leedlo con atención y espero que os guste.
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1 comentario

Joshua -

Gracias por citarme. Ya lo habían hecho en otros blogs, pero nunca con una foto de Pessoa. La de veces que me senté al lado de su estatua en el café "A Brasileira"! Y esos guiris haciéndose fotos con él... Ay, eso sí que es investigable. Y la gente que se sentaba en sus piernas, y él allí impasible y delgaducho como siempre. Y ese cuadro que hay dentro de la cafetería donde se reúne el mundillo intelectual lisboeta que pone "Marbella". Y ese Paco Umbral paseando por la Avenida Antonio Aguiar y entrando en El Corte Inglés!!! Lisboa es lo más grande. Besos para el mundo blog.
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